Ayer el golpismo, hoy la corrupción, por Luis Solana

Es impresionante la falta de memoria de los españoles: hace unos años teníamos terror al golpismo militar y hoy sabemos que puede haber un golpismo de corrupción. No son iguales los dos casos, pero tienen parecidas consecuencias: que la democracia se pone en peligro. Hay un tenue hilo conductor: en las dos provocaciones hay confusión con lo que significa ética. Estoy seguro de que con una creciente dosis de ética, las cosas de la democracia irían mucho mejor. Ahora el peligro viene de los civiles, ayer venía de los militares; es igual, todos eran y son españoles que no terminan de entender ciertas normas para vivir en democracia. Tenemos que hacer el mismo ejercicio que que hicimos cuando los uniformes: normas claras y unión ciudadana.
Los que conocimos como empezó la libertad y la democracia en España, sabemos que -a veces- no podíamos dormir pensando en si mañana una unidad militar de por ahí se ponía a discutir en las Cortes lo que se votaba. La democracia que hoy vivimos empezó con muchos miedos y muchas dudas.
 
Pero ganó la batalla una ética colectiva: la libertad me importa, por la libertad lucho.
 
Hoy, las cosas han cambiado muchísimo. A nadie se le ocurre dormir mal pensando que un tanque va a despertarle de mala manera: es impensable.
 
Voy a romper una lanza en favor de las Fuerzas Armadas y de sus integrantes: una de las “zonas” más éticas de España hoy está en las Fuerzas Armadas.
 
¿Por qué planteo este tema? Pues porque en estos momentos España tiene un déficit de ética preocupante.
 
La corrupción puede hacer tanto daño a la democracia como el golpismo. Y es algo más taimado.
No os preocupéis, no voy a entrar en detalles, ni en debates jurídicos, ni en quien es más corrupto y quien es menos. No es ese el debate que tendríamos que tener en España: lo que teníamos que abrir es un debate sobre cómo recuperamos la ética que nos guiaba al principio de nuestra democracia.
 
Porque ahora la ética -como ayer- es la clave: o somos éticos o no podemos tener una democracia de verdad. Y el enemigo es la corrupción no los tanques.
 
No quisiera que ética se entendiera como nada que no sea algo que se puede explicar a un chaval con facilidad. Porque el riesgo de confundir la ética con la demagogia o el peronismo, existe. Lo que pretendo es que algunas ideas muy sencillas empiece a estar en todos los programas electorales. Por ejemplo: defraudar a Hacienda no es ético y debe estar en el corazón de la democracia española.
 
Nuestra democracia ha tenido miedo un tiempo con los militares, pero no termina de aceptar que el peligro hoy son los defraudadores.
 
En los EEUU nunca tuvieron miedo a los uniformados, pero siempre han tenido -y tienen- pánico a los defraudadores.
 
Engañar a los órganos represores del Estado merecía un aplauso en los años del miedo, engañar a la Hacienda común debe ser hoy un delito fuertemente perseguido y considerado antidemocrático.
 
El PP está sufriendo mucho por delitos obvios que terminarán en los Tribunales como los bufetes de abogados y las gestiones desde lo alto determinen, pero el PP tendría que decir ya mismo que cree en una democracia que evita el golpe de Estado que significa evadir impuestos.
 
Y el PSOE tiene que convertirse en campeón de este concepto de la ética democrática: si no pagas impuestos eres un golpista.
 
Ya vendrá luego hablar de qué impuestos y, sobre todo, quién los tiene que pagar; pero hagamos una bandera de la idea que hoy el peligro para la democracia viene de la falta de ética general.
Si esto de la ética no se entiende y no se practica, la democracia estará en peligro. Si no se considera el primer escalón de esta ética el pago de impuestos, mejor volver a empezar.
Ya sé que ahora, para muchos, subsistir es la única preocupación. Pero no a todos les pasa lo mismo ni creo que las cosas sean igual eternamente.
 
¿Os importa a los jóvenes preocupados por ganar un sueldo el preguntaros siempre cómo lo ganáis? Porque los mayores no hemos acertado.
 
Fuente: El Plural

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