El «número dos» de la organización médica nacional le debe la vocación a su madre. Si hay una manera natural de elegir un oficio este es, sin duda, el caso de Serafín Romero. La historia de un chaval que en sexto de bachiller vio como su progenitora ingresaba en la unidad de cuidados intensivos víctima de una enfermedad grave. Esa experiencia te cambia la vida. Podía haber elegido ingeniero, o abogado, o agrónomo como miles de jóvenes de su edad. Pero no.
-Quiso ser médico para curar a su madre.
-Para hacer lo mismo que hicieron los que curaron a mi madre.
Y ese vínculo radicalmente emocional con su profesión lo llevó a ser precisamente médico de pueblo, en cuyo ejercicio lleva más de treinta años. Nació y se crió en Sevilla pero su primer destino fue en Posadas. Allí ingresó en 1983 y allí, tantos años después, conserva aún su plaza, aunque las responsabilidades gremiales lo hayan distraído parcialmente de la medicina rural. «Es esencial para que un médico sea completo, aparte de sus capacidades y competencias, tener un componente de humanismo, cercanía, atención integral, cuidado y consuelo».
-O sea, la medicina es una forma de humanismo.
-La medicina es humanismo o no es. No está partida por la mitad entre medicina científica y humanística. La medicina es medicina.
-Se siente médico de pueblo.
-Me siento y lo soy. Ahora circunstancialmente lo compagino con mi actividad en defensa de la profesión. Pero espero jubilarme como médico rural.
-¿Y un médico de pueblo se siente cómodo embutido en traje y corbata?
-Voy más cómodo en bata, pero la identidad va por dentro, con o sin corbata, y depende del componente profesional.
Como verán, Serafín Romero tiene las ideas claras. Se bautizó en la pila colegial de la mano de Jesús Aguirre en 2001 y entre 2007 y 2009 cogió las riendas del Colegio de Médicos de Córdoba hasta que fue nombrado secretario general de la organización nacional. Su ascensión parece imparable. Desde hace apenas diez días es el vicepresidente del Consejo General de Colegios de Médicos y su próxima parada es aún una incógnita. Con todo, la conversación sigue girando en torno a la medicina de cercanía. «He tenido familias en que he asistido al nacimiento de un hijo, he tratado a la bisabuela, trato a la abuela y convivo con la madre. La medicina de familia me permite conocer hasta si un dolor de cabeza tiene una etiología orgánica o no».
-¿Y qué hace un médico de pueblo en la cúspide colegial?
-Me siento muy cómodo defendiendo la profesión desde mis valores adquiridos en el ámbito rural.
-Ha cambiado usted la bata por la moqueta.
-En parte, sí. Lo que no he cambiado es mi sentimiento por ser médico. Lo necesito. Podía haberme buscado un escenario no asistencial para dedicarme en cuerpo y alma en la defensa profesional pero no me puedo alejar del ejercicio. Y más con la que está cayendo.
-¿Qué está cayendo?
-Una crisis que está golpeando especialmente el sistema sanitario.
-¿Está en peligro?
-Está en peligro si no logramos un gran pacto político por la sostenibilidad de un sistema que garantice que encima que un ciudadano puede perder su empleo no pierda la seguridad de que va a ser tratado igual que cualquier otro. Tenemos la obligación de legárselo a los nuestros haciendo los cambios estructurales y siendo más eficientes.
-¿Y es sostenible?
-Los profesionales están haciendo un esfuerzo en el control de costes. Si queremos políticamente es sostenible.
-Leemos en un diario digital especializado: «La lógica e irresistible ascensión de Serafín Romero». ¿Cuál de los dos adjetivos exagera más?
-Casi los dos. Tanto en mi ámbito profesional como en este despacho me he dedicado a trabajar para intentar hacer de la organización un referente para los ciudadanos.
-También leemos: «Agudo, inquieto, capaz». ¿Cuánto le ha costado el publirreportaje?
-Nada. El primer sorprendido fui yo. Lo de agudo se lo valoro porque es una apreciación de fuera. Lo de inquieto forma parte del ADN.
-Y ahora en serio: ¿qué hay que cambiar sin demora en el sistema de salud?
-Cuando decimos que estamos en situación crítica no lo hacemos desde el victimismo. Ahora la profesión tiene la posibilidad de cambiar lo que no nos gustaba. Ver si estamos siendo eficientes. En los profesionales ya hemos eliminado casi toda la grasa. Ha llegado el momento de las estructuras: disminuir la masa organizativa.
-Si le decimos salud pública de calidad y gratuita, ¿usted sale corriendo?
-No. De tanto repetir la palabra gratuita puede dar connotación de ligereza. Pero más que gratuita es solidaria. Es lo que nos cohesiona hoy en día: nuestro sistema público, universal, equitativo y solidario.
-Usted se dice defensor de la deontología y la ética médica. Concrete, doctor.
-La deontología no es más que un conjunto de valores y conductas, una responsabilidad que adquirimos ante la sociedad por encima hasta de la ley. Anteponemos el interés del paciente a cualquier otro incluido el del médico.
-Según el CIS, los médicos son los profesionales más valorados; los periodistas, los peor. Estamos claramente en desventaja.
-Lo que está ocurriendo con el periodismo es muy poco presentable. Son necesarias las organizaciones en defensa de la profesión. Aún así, nosotros también andamos con contratos al 75% o de fines de semana. Mi valoración del periodismo es muy alta.
-¿Cómo se puede mantener el prestigio social médico en medio de este cataclismo presupuestario?
-El ciudadano entiende que el médico le va a seguir atendiendo con las máximas garantías. Nadie va a dejar una operación a las tres porque se acaba su horario laboral. El problema no es 37 o 35 horas. Es un error. Al médico hay que pedirle objetivos. Su horario se lo pone su obligación. Esa rigidez laboral produce problemas.
-Dígame tres enfermedades del sistema público de salud.
-La excesiva funcionarización; una gran desconfianza de los gestores hacia los profesionales de salud; y la politización de los cargos de gestión.
Ánimo de lucro
-Y dígame tres contraindicaciones del sector privado.
-Siendo el ánimo de lucro consustancial al ámbito privado esto no casa con el sistema sanitario. No podemos pensar que vamos a sustituir un sistema por otro porque no hay ninguna experiencia que avale que uno privado cuesta menos. Privatizándolo todo no vamos a ser más eficientes.
-¿Qué le va a decir a su consejera del ramo?
-Desde la Consejería se podría trabajar por un gran pacto sanitario para evitar que hubiera debate sobre qué pones y qué quitas, que si yo tengo más «Chare» o si tú das más prestaciones. Y que cuente con los profesionales.
-Usted dice que hay vida inteligente fuera de los hospitales. ¿Y dentro?
-Parecía que había un gran escalón entre la medicina de atención primaria y el mundo del hospital. Hoy afortunadamente hay vida inteligente no solo en el hospital sino en todo el sistema sanitario.
-¿Lo del mundo de hoy qué es: gripe o pulmonía?
-Tenemos una gripe pero vamos a crear mecanismos para ponerle arreglo. Tenemos defensas suficientes: un modelo de atención muy arraigado y profesionales muy comprometidos. Y lo podemos sacar para adelante.
-¿Y qué receta para la desafección política?
-Más política. Y hacer política significa dejar de hacer algunas cosas que se han hecho como haber entrado en las cajas. Tenemos unos políticos, en general, que no se merecen esta desafección.
-¿La injusticia tiene cura, doctor?
-Claro. Muchas. Una es la solidaridad y otra es aplicar la ley.
Fuente: ABC