Más allá del tiempo de pantalla: claves para un uso saludable de la tecnología en la infancia y la adolescencia

Más allá del tiempo de pantalla: claves para un uso saludable de la tecnología en la infancia y la adolescencia.


Isolina Riaño Galán. Pediatra. Vicepresidenta del Comité de Bioética de España. 

 

Las tecnologías digitales forman ya parte de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. Han cambiado la forma de aprender, comunicarse, jugar y relacionarse, y ofrecen muchas oportunidades para acceder al conocimiento, desarrollar la creatividad y participar en la sociedad. Sin embargo, cuando su uso es excesivo o sustituye actividades esenciales para el desarrollo, también puede convertirse en un problema de salud pública que requiere la atención de toda la sociedad.

El informe conjunto del Comité de Bioética de España y del Consejo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida de Portugal parte de una idea clave: la tecnología no es buena ni mala por sí misma. Lo importante es cómo se utiliza. No basta con contar las horas de pantalla. También influyen el tipo de contenido, el momento del día, la finalidad del uso, la edad del menor, el acompañamiento de los adultos y el entorno familiar y social. Por eso, el informe evita tanto los mensajes alarmistas como la idea de que no existe ningún riesgo, y propone una visión equilibrada basada en la evidencia científica.

Las investigaciones muestran que un uso excesivo o problemático puede afectar a la salud física y mental. Se relaciona con alteraciones del sueño, sedentarismo, molestias musculares y visuales, además de un mayor riesgo de obesidad. También puede favorecer la ansiedad, los síntomas depresivos, los problemas de atención, las dificultades para regular las emociones y la exposición a situaciones como el ciberacoso, la comparación constante en redes sociales o contenidos inadecuados para la edad. En los más pequeños, además, el exceso de pantallas puede restar tiempo a actividades fundamentales como el juego, la conversación, la lectura o la interacción con la familia. Aun así, el informe recuerda que estos efectos dependen de muchos factores y que no todas las personas responden de la misma manera.

Desde la bioética, la prioridad es proteger los derechos de la infancia y la adolescencia. Esto significa prevenir los posibles daños, pero también garantizar que puedan beneficiarse de las oportunidades que ofrece el mundo digital. Por eso, la respuesta no debe basarse únicamente en prohibiciones o límites de tiempo iguales para todos. Lo importante es ayudar a niños, niñas y adolescentes a desarrollar hábitos saludables, aprender a utilizar la tecnología con sentido crítico y adquirir una autonomía progresiva para desenvolverse con seguridad en un entorno que seguirá formando parte de sus vidas.

El informe también destaca el papel de las personas adultas. El uso continuo del teléfono móvil por parte de madres, padres y cuidadores puede reducir el tiempo de atención y la calidad de la relación con sus hijos. Educar en un uso saludable de la tecnología comienza con el ejemplo y con la creación de momentos cotidianos sin pantallas, dedicados a hablar, jugar, leer, compartir tiempo en familia o descansar.

La protección de la infancia no puede recaer solo en las familias. Es una responsabilidad compartida. Las administraciones deben impulsar políticas basadas en la evidencia y promover la educación digital. Los centros educativos tienen que enseñar un uso crítico y responsable de la tecnología. Los profesionales sanitarios deben orientar a las familias y detectar de forma precoz posibles problemas. Y las empresas tecnológicas deben diseñar productos más seguros y transparentes, que prioricen el bienestar de niños, niñas y adolescentes y no busquen únicamente mantener su atención el mayor tiempo posible.

El mensaje final del informe es claro. No se trata de rechazar la tecnología, sino de aprender a convivir con ella de forma equilibrada. Las herramientas digitales pueden mejorar la educación, facilitar la comunicación, estimular la creatividad y ofrecer nuevas oportunidades, siempre que no sustituyan actividades esenciales como dormir lo suficiente, hacer ejercicio, jugar, disfrutar de la naturaleza o mantener relaciones personales de calidad.

En definitiva, este informe constituye una llamada a construir una cultura digital más saludable, en la que la innovación tecnológica avance de la mano de la ética, la protección de los derechos de la infancia y la promoción del bienestar. No se trata de renunciar a las oportunidades que ofrece el mundo digital, sino de asegurar que su desarrollo responda al interés superior del menor y contribuya a formar generaciones capaces de utilizar la tecnología con libertad, sentido crítico y responsabilidad. Alcanzar ese equilibrio es uno de los grandes retos de nuestras sociedades y una tarea que solo podrá afrontarse mediante el compromiso conjunto de la ciudadanía, las instituciones y las empresas.

 

Accede al informe completo elaborado conjuntamente por el CBE y el CNECV de Portugal aquí.

Autor:
Isolina Riaño Galán
Año:
2026

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