¡Cuántos frentes en el ancho campo de la actualidad! ¡Cuántas noticias que nos escuecen en lo más vivo del alma! ¡Y cuántos paisajes, emocionantes unos, deprimentes otros! Hay semanas en que querríamos dejar que los titulares se acumulen en la puerta, fuera de casa, como una enfermedad contagiosa.
Leo estos días un hermoso libro que lleva por título El gobierno de las emociones , escrito por Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de Etica en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es uno de esos libros que exige tener al lado un bloc para anotar ideas, sugerencias y consejos prácticos. A vuela pluma, me atrevo a escoger algunas de esas ideas y sugerencias.
Primero, la ética es también inteligencia emocional: llevar una vida correcta, saber discernir, significa no sólo un intelecto bien amueblado sino sentir las emociones adecuadas en cada caso. Segundo, no basta con conocer el bien, hay que desearlo; no basta con conocer el mal, hay que despreciarlo. Tenemos muy claros los valores fundamentales, pero hay que llevarlos al día a día. Tercero, la ética es, sobre todo, cuestión de voluntad, de controlar las emociones negativas, como el egoísmo y la avaricia, y ya podríamos cambiar la ley, elaborar códigos, reformar las estructuras, que, si las personas no quieren hacer las cosas bien, encontrarán enseguida todos los resquicios para buscar más el interés propio que el interés público. Cuarto, en la ética son muy importantes los ejemplos, los modelos, nadie puede ser exigente respecto a los demás si su conducta no es coherente y ejemplar. Quinto, todas las democracias son imperfectas, necesitan un cuidado continuo que ha fallado. A veces, en las elecciones no se traduce el rechazo de la corrupción, la abstención es grande, hay poco compromiso por parte de la ciudadanía, pero, sin duda, la mayor responsabilidad la tienen los que gobiernan, los cargos públicos. Sexto, la virtud es importante, pero aún lo es más el hacer personas virtuosas, por eso es vital la educación que viene de la sociedad misma. Las familias la han abandonado porque no tienen tiempo, la mujer trabaja, la escuela hace todo lo que puede, y el conjunto de la sociedad está tan orientada al consumo, a la búsqueda del placer inmediato, al éxito fácil, que falta un clima ético donde se reconozca a las personas que valen moralmente. Séptimo, hemos ganado mucho en libertades individuales, pero habría que compensarlo con más responsabilidad. Hoy nadie responde de lo que ha hecho mal. Octavo, el sentimiento de la vergüenza ha desaparecido de nuestra sociedad. Nadie se avergüenza de haber obrado mal. Noveno, la condición humana tiende a la corrupción porque somos egoístas. Los valores éticos pretenden contrarrestar esta tendencia. Décimo, no hay que dejarse abatir o pensar que no podemos hacer nada. Podemos y debemos. Hermoso decálogo para esta hora.
Fuente: Diario de Córdoba