Basta ver, sentir, recordar, imaginar o pensar algo, para que inmediatamente lo sometamos a un proceso de valoración. La valoración es un fenómeno universal en la especie humana. Todos lo hacemos continuamente. Sin embargo, resulta difícil definir con precisión qué son los valores. En la historia de nuestra cultura se han sucedido dos teorías, la objetivista o antigua y la subjetivista o moderna. Para la primera los valores eran completamente objetivos, razón por la cual cabía afirmar con precisión qué valores eran los verdaderos o auténticos y cuáles otros falsos. Esto llevó a la afirmación de un “monismo” axiológico, y a la persecución y exterminio de cualquier propuesta de valor que no coincidiera con ella. Tratando de evitar tales excesos, el mundo moderno optó por el “pluralismo” de valores, lo que le llevó a proponer como alternativa una teoría puramente subjetiva y emotivista del valor. Dado su carácter estrictamente emotivo, sobre ellos no cabe diálogo o debate racional.