Educación ética en escuelas y colegios, por Jesús Montero Tirado

El pasado 30 de diciembre, comentando mi artículo “Ética y Política” (ABC Color), María Arcondo me preguntaba: “¿Usted me podrá decir si existe alguna posibilidad que se vuelva a enseñar ética en los colegios?”.
 
La pregunta es más profunda e interesante de lo que parece. La verdad es que no puedo responderla, porque no tengo poder de decisión ni influencia en el Departamento de Currículo del MEC. Es ahí donde podrían responderle.
 
Analizando la pregunta, el enunciado se refiere a colegios, no se refiere a escuelas. Seguramente que la Sra. Arcondo está usando el concepto popular, que suele llamar escuelas a las instituciones que se ocupan de la educación inicial y escolar básica y utiliza la palabra colegios para las instituciones que además o solamente ofrecen Educación Media.
 
Si la pregunta se refiere a colegios tiene razón de ser, porque en el currículo de la Educación Media no está incluida la ética como una disciplina; lo que sí sucede en el tercer ciclo de la Educación Escolar Básica, donde la ética es asignatura en los tres años del tercer ciclo de dicho nivel.
Pero lo profundo e interesante de la pregunta de María Arcondo es que la ética no se asimila como una disciplina, menos aún si su programa es flojo y los libros de texto son demasiado elementales. La formación ética no se logra con una asignatura, solamente durante tres años escolares.
Los seres humanos y con mayor fuerza los niños y adolescentes, somos seres inclinados a imitar comportamientos. Por eso es fácil imponer en el mercado modas y marcas. El aprendizaje de la ética se produce más en la vida ordinaria e incluso en la vida interna de la institución escolar, que en el tratamiento académico de las aulas con profesor y texto.
 
La ética se transfiere, normalmente de manera inconsciente, en el currículo oculto de cada profesor o profesora, de los directivos y de la institución entera en todos sus tiempos, incluidos recreos, entradas y salidas de alumnos y sus familiares. El comportamiento de los actores de la institución y el clima que crean sus interrelaciones dejan aprendizajes sobre la ética personal, comunitaria y social.
Las instituciones educativas se mueven con tres clases de currículos, el currículo explícito oficial planificado, el currículo oculto y el currículo real que cada profesor logra ejecutar. La ética fluye por y entre los tres.
 
La ética, como ciencia del comportamiento humano, es un saber teórico, práctico, normativo y vivencial transcendental. Trasciende a todo lo que hace, piensa, desea, siente, quiere, en una palabra vive, el ser humano. Por eso a la hora de diseñar en el currículo escolar este saber vital, los diseñadores tienen que distinguir entre lo que es propuesta de conocimientos y competencias específicos y conocimientos y competencias transdisciplinares.
 
Es algo así como el aprendizaje de la lengua castellana. Tiene su espacio y tratamiento específico, pero como se usa en todas las clases, en los recreos, en las reuniones, etc. El conocimiento y las competencias que se adquieren para el dominio de la lengua en el tratamiento específico de esa asignatura en diferentes cursos se ejercitan en todas las clases y actividades escolares.
La ética no es un conocimiento de algo externo a la persona, sino que está relacionada directamente con su autonomía y autorrealización, su sentido crítico, su capacidad de orientación para poder valorar si un comportamiento propio o ajeno es correcto o incorrecto porque hace bien o porque hace daño, es justo o injusto. Lo que está en juego es poder ser persona en la vida y el mundo con capacidad de libertad y responsabilidad conscientes.
 
La educación tiene dos funciones paradójicas que afectan a la educación ética. La educación tiene la función “reproductora” del sistema, enseña a los niños a integrarse en la comunidad y su cultura; y la función de “resistencia”, enseña a los niños a desarrollar el sentido crítico de lo que hay y a crear valores y soluciones nuevas.
 
En un país clasificado entre los más corruptos, si las escuelas y colegios solo cumplen la función reproductora, resultará que ambas instituciones se han convertido en focos reproductores de corrupción.
 
Fuente: ABC

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