Espaldas de una pesada carga

MESA REDONDA CON RESPONSABLES DE ONG ORGANIZADA POR LA SIBI, ANTIGUO INSTITUTO

La bioética tiene que alcanzar a todos los estadios de la dignidad humana, una tarea con numerosos frentes abiertos por la crudeza de la crisis actual. Por eso, la Sociedad Internacional de Bioética organizó ayer una mesa redonda con organizaciones no gubernamentales asturianas que trabajan en favor de los más desfavorecidos, con el fin de debatir sobre sus fines y llevar los principios básicos de la ética y la justicia a los diferentes ámbitos de actuación de estas entidades.

Sobre todo, en un momento en el que son «cientos de miles» las personas que están sufriendo la injusticia y la desigualdad en estos momentos, como recordó Adolfo Rivas, director de Cáritas en Asturias. Los datos que maneja la entidad son demoledores: «un de cada diez asturianos están siendo acompañados en la actualidad por alguna organización social, una situación que hace cuatro años no se concebía», alertó Rivas. Síntoma, argumentó, de que «estamos ante una realidad diferente, y por lo tanto tenemos que plantearnos algunas cuestiones de cambio dentro de las propias entidades». Así, Cáritas pone el foco en el riesgo de «caer en el asistencialismo torpe que cronifique la pobreza y que acabe empujando a más gente a una situación de exclusión», advirtió su director, antes de señalar cómo «resulta inquietante que haya asociaciones que vivan de los problemas, y por causa de ellos».
En ese mar de dificultades y riesgos añadidos para sortear el actual escenario de dificultades, Cáritas acompaña en Asturias en la actualidad a 28.061 personas, de las que 1.836 no tienen hogar, 1.886 son personas mayores y 500 son menores en riesgo de exclusión social. Datos para el desaliento teñidos sin embargo por la esperanza, habida cuenta de que «con la crisis, las donaciones han aumentado un 25 por ciento, con más de 37.000 pequeñas aportaciones de 5 o 10 euros», resaltó Adolfo Rivas.
Luis Manuel Flórez, Floro, presidente de Proyecto Hombre Asturias, incidió en la necesidad de «ser muy serios y rigurosos en busca de la eficiencia, porque las personas que acuden a nosotros necesitan que las ayudemos». En su caso, con el trabajo de rehabilitación y reinserción de personas con problemas de toxicomanías, desde el convencimiento de que «nunca hay que dar nada por perdido», y con unos resultados que invitan a la esperanza: el 91,2 por ciento de las altas terapéuticas no recaen tras un periodo de cinco años, como desveló Floro en su intervención.
Celia Fernández, presidenta de la Cruz Roja en Asturias, llamó por su parte la atención sobre la cooperación internacional, en un momento en que la situación más cercana es «muy grave, de absoluto desbordamiento», con «personas que acuden a organizaciones a las que nunca habían pensado en acudir», pero con la necesidad de «pensar también en la situación de alto riesgo que se vive en otros países». Celia Fernández puso el ejemplo de Siria, país al que acaba de llegar un contenedor de material básico procedente de Asturias.
En la misma línea se manifestaron también las responsables de las organizaciones Fundación Pájaro Azul, Inmaculada González, e Isolina Riaño, de la ong Arco Iris. En el caso de Pájaro Azul el trabajo se desarrolla en la República Democrática de El Congo, desde el convencimiento de que «vivimos en un mundo de profundas desigualdades condicionadas por el lugar de nacimiento», y con el objetivo de «tomar conciencia, porque la solidaridad es una actitud que hay que aprender en estos tiempos de cambio», apuntó Inmaculada González.
Isolina Riaño, por su parte, llamó a «romper las barreras que nos separan y nos hacen olvidarnos de lo que de verdad nos une y nos hace ser personas», una labor que desarrolla Arco Iris desde la educación para el desarrollo, impulsando y desarrollando todo tipo de proyectos o actividades destinadas a favorecer una mejora en la calidad de vida en los países subdesarrollados, en especial en los campos de la educación y la sanidad.
El Comité Ciudadano Antisida del Principado también formuló un llamamiento a atender a la situación de quienes padecen el virus del VIH Sida en los países subdesarrollados, desde la «sensibilización contra el rechazo y a favor de la dignidad de las personas enfermas, porque el Sida es una enfermedad más», como recordó María José Sánchez Romero, presidenta del comité. Un campo en el que la bioética tiene mucho que decir.

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