La burbuja ética, por Curro Troya

Hubo un tiempo -no me pregunten cuándo, ni si esto es cierto- que debió haber una burbuja ética en España. Nuestra clase política -esa misma que niega su existencia- se lanzó sobre ella y especuló hasta conseguir pegar verdaderos pelotazos. Era entonces un bien que sólo se veía en planos porque, por no tener, no tenía ni terrenos sobre los que cimentar lo que luego se descubrió que sólo eran falsos proyectos.

En aquel tiempo -si es que todo esto sucedió- el periodismo y los medios de comunicación contribuyeron con una tasación exagerada sobre los valores de nuestra transición; favoreciendo la espiral especulativa; sobrevalorando comportamientos y actuaciones; cuando no siendo cómplices de quienes insuflaban aire al que ya era un enorme globo.
 
Pronto se contagiaron los propios ciudadanos y se subieron a la deseada pompa de jabón. Compraron sobre el papel esos valores éticos como si no hubiera un mañana. La confianza fluía y se regalaba como en tiempos recientes se concedían créditos. Todos anhelábamos dar un pequeño golpe. O mejor dicho, no es que sólo pretendiéramos nuestro pequeño botín del banquete público, es que muchos aspiraban a ser el Botín del sistema.
 
Todo iba sobre ruedas hasta la burbuja estalló. Se produjo entonces una brusca caída de la demanda y el precio se derrumbó. En el mercado quedaron millones de unidades éticas vacías por vender y muchos ciudadanos se encontraron con sus nuevos valores, supuestamente confortables, cuya factura mensual les resultaba imposible pagar. Luego nos dijeron que habíamos querido ética por encima de sus posibilidades.
 
Hubo un tiempo que debió existir esa burbuja ética. No hay certeza alguna, pero todo esto debió pasar en algún momento porque de ninguna otra manera sería explicable que en la vida pública española llevemos décadas desahuciados de esa gran ausente. Esa ética que todos creíamos que habitábamos, por la que tanto pagamos y que ahora tan sólo parece una infantil aspiración, como cuando quisimos ser bomberos.
 
Ese tiempo ya pasó. Ahora está en marcha una nueva burbuja bajo los nombres de transparencia y gobierno abierto, aderezada de eso que disfrazan con supuesta participación. Les recomiendo que no sucumban.
 
Fuente: sur.es

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