Los candidatos nombrados a dedo por sus partidos, y presentados en convocatoria electoral para cargos públicos de gobierno, han de estar dispuestos a inhibirse de su libertad personal y asumir las pautas doctrinarias "de los caciques y fascistas" de cada grupo. No obstante, una cualidad que puntúa muy alto, para lograr la candidatura en los dos partidos dominantes, es la "desfachatez", pues no exigen ni tienen en cuenta otras virtudes y valores humanos como honestidad, sensatez, ecuanimidad, etc., porque contraindican las estrategias de aquellos que aspiran a lucrarse, por "allanamiento y manipulación", de todas las propiedades y patrimonios ya sean públicos o privados.
Para ejercer cargos de relevancia en los parlamentos y en los ministerios debería de ser obligado, por ley, un extenso examen de conciencia y austeridad. Así, con buena ética política y un código de buenas practicas, sería muy fácil obtener y consolidar una buena justicia distributiva. Gobernar es un arte huérfano de artistas, y por consiguiente estamos intervenidos por un colectivo de "esclavistas y timadores" que destruyen bienes y derechos sociales y, además, tampoco saben reconocer que los electores cedemos temporalmente nuestros votos para ser gobernados con sensatez y no explotados por la codicia de grupos de controladores tiranos.
Los ministros, los diputados, y los "patricios" ("traicionan cobardemente" a sus votantes) no aportan soluciones para extirpar la corrupción porque ellos mismos son el peor foco contaminador. Degradan la democracia, no quieren oír el clamor social y se escoran a favor de las exigencias de los poderes económicos y de sus partidos para alejarse de las penurias y desatender el sufrimiento del pueblo. Cuando se equivocan (es muy frecuente), hacen oídos sordos y culpan a otros o se justifican alegando que son errores informáticos y nunca pagan por ello; los demás, en cualquier ámbito de la vida, hemos de pagar por todo, incluso por los desmanes de sus delirios. Son tan ingratos que han convertido las instituciones y organismos públicos en "praderías fértiles" para sembrar los mayores despropósitos y tutelar las cosechas de su poltronería.
Los excesos autoritarios, las turbulencias judiciales, la fullería sindical, la succión bancaria, la precariedad laboral, los recortes sociales, etc., son desajustes propios de la corrupción política "en estado de emergencia" que desprenden muchas pestilencias en detrimento del estado de derecho y del bienestar social. Los que hurtan, los que malversan y los que roban, son? ¡ladrones!
Fuente: Faro de Vigo