Filósofa, autora de "Breve historia de la ética". Es una voz autorizada para hablar de ética en tiempos de miseria moral y corrupción política. Catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha publicado "Breve historia de la ética", un compendio de esta disciplina desde la Grecia clásica hasta hoy. Discípula de Aranguren y Ferrater Mora, fue senadora independiente por el PSC entre 1993 y 1996.
¿La ética debería estudiarse en el colegio?
De alguna forma se pretende enseñar. Se introdujo como alternativa a la Religión y después se incluyó Educación para la Ciudadanía. Creo que hay conciencia de que es importante transmitir unos principios y de enseñar a pensar, que es una manera de enseñar la ética. Pero no se acaba de hacer de una forma sistemática y bien hecha.
¿Y lo estamos pagando?
Y lo estamos pagando porque el problema de la enseñanza de la ética es que no es sólo teórica sino práctica, como ya advirtieron los griegos en la Antigüedad. Para que realmente haya una transmisión de valores éticos no sólo hay que pensar en introducir una asignatura en la escuela sino en producir, en crear una manera de ser de la sociedad; cambiar las costumbres y los hábitos, empezando por la escuela y por la familia, pero también en el resto, lo cual es mucho más complicado, y así hoy notamos la diferencia entre países que lo han incorporado a su manera de ser y otros que no lo tenemos en absoluto.
¿Eso se nota en la corrupción que atenaza España?
Yo creo que sí. La corrupción es ilegal, es un delito, por tanto el Derecho podía resolver los problemas de la corrupción. Pero una cosa es tener leyes y otra es aplicarlas bien, tenerlas en cuenta y no aprovechar las fisuras para hacer la trampa. La honradez se va formando en la persona a través de hábitos, de voluntad de hacer las cosas bien, y eso no lo regulan las leyes.
¿Los políticos corruptos creen ser virtuosos?
Sí, nadie confiesa que es un corrupto, lo cual quiere decir que todo el mundo sabe que la corrupción no es correcta. Hay muchas formas de justificar una conducta desviada. Mucha corrupción tiene que ver con la financiación de los partidos políticos y el que incurre en esa corrupción piensa que procura el bien del partido, que el fin justifica los medios y que todo vale. Hay muchas formas de justificar conductas desviadas.
En eso los dos grandes partidos son iguales.
Lo hacen los que tienen más poder para hacerlo, los que necesitan más dinero porque son los más grandes y tienen que hacer campañas mayores. La regeneración democrática de los partidos debía venir de los partidos pequeños que no han incurrido en casos de corrupción y están subiendo en las elecciones.
Lo que sube también es el populismo, ¿ve un serio riesgo?
Puede aparecer un partido populista que arrase porque es antisistema, antipolítica, antipartido, pero no necesariamente un partido pequeño tiene que ser populista.
Surgen nuevas formaciones de las que no se sabe muy bien lo que son.
A veces no se sabe lo que son y a veces son partidos pequeños que simplemente son antinacionalistas, lo cual no es un objetivo suficiente para aspirar a gobernar. Pero yo no identificaría necesariamente con el populismo a esos movimientos..
¿Hay políticos corruptos porque la sociedad es corrupta?
Es un error generalizar y decir que la sociedad es corrupta y que las instituciones ya no nos sirven porque algunos de los que las gobiernan son corruptos. No deberíamos hacer esa generalización porque es muy malo para la democracia. Hay que salvar las instituciones y hay que pensar que en la sociedad hay gente que hace bien su trabajo y que teniendo poder, e incluso pudiendo corromperse, no se corrompe. No hay que generalizar ni pensar que tenemos una sociedad peor que en otras épocas.
¿La ética nunca ha estado tan lejos de la estética?
Solemos vincular la ética con la estética ante la corrupción y muchas personas dicen "esto no debería ser así, es antiestético". Hay formas de corrupción que es más correcto calificarlas de antiestéticas porque son feas y acaban siendo corruptelas; no son grandes corrupciones. Por ejemplo, lo que pasó con el presidente del Consejo del Poder Judicial (Carlos Dívar) es antiético pero sobre todo es antiestético, ¡qué necesidad tenía!
Y qué necesidad tenía Urdangarin.
Sí, pero ese caso es mucho más complejo y mucho más grande.
Y Bárcenas.
No, si necesidad no tenía nadie. Son casos que repugnan y en ese sentido vinculamos ética y estética. La repugnancia es un sentimiento de rechazo, tiene menos razonamiento detrás, y eso es un sentimiento más estético que ético.
No hay ética, concluye Nietzsche: "Dios ha muerto". Aunque no generalicemos…
Sí, porque, además, las noticias que nos llegan son las malas, pero también ha habido políticos que han dimitido para no ser cómplices de corrupción, y no sólo porque les obligaron sino porque antes de ensuciarse se fueron.
Otros, ni se inmutan.
La mayoría no se inmuta y eso es lo peor que tenemos en este país, ese partidismo que hace que la corporación apoye al corrupto e impida que se vaya, que dimita o que no le obligue a dimitir.
Y luego está la puerta giratoria, que lleva a otro paraíso.
Sí, pero eso es muy fácil regularlo con normas. Y aplicarlas bien.
Parece que no hay mucho interés.
Parece que no hay interés, como no hay interés en reformar la ley electoral o el sistema de financiación de partidos políticos, que podrían ayudar a combatir la corrupción.
¿Cómo fue su paso por la política? ¿Qué sabor le dejó?
No me ha dejado una sensación negativa. Mi paso por la política fue interesante. No fue una época buena ni ilusionante, porque fue la última legislatura de Felipe González, que estuvo también llena de casos de corrupción. Fue un privilegio para mí poder participar en la política, pero no tuve interés en quedarme porque me pareció que mi sitio no estaba allí, que podía hacer más cosas fuera que dentro de la política activa.
La pusieron en las listas por marketing: por ser mujer y catedrática de Ética, se quejó usted.
Marketing lo hay siempre, en política y en todo lo demás y no me parece mal si hay algo más, si hay la voluntad de aprovechar que una persona pueda aportar algo nuevo
Llegó a decir que ética y política no son compatibles, una frase que luego lamentó.
Eso fue un titular sacado de contexto cuando publiqué mi primer libro de ética. Habría que ver el contexto porque esa frase, dicha así, es una tontería.
¿Vio cosas que no le gustaron en su vida política?
Vi más el funcionamiento de los partidos y la colonización que hacen de las instituciones, en particular del Parlamento.
¿El PSOE va por buen camino?
En general, la izquierda está desconcertada y desorientada, no sabe como reaccionar en la crisis ante medidas que van contra la igualdad, la equidad y que castigan a los más vulnerables.
¿El portazo de Benedicto XVI tiene mucho de ético y de estético?
Creo que sí, tanto si es porque se vio incapaz de bregar con la curia para resolver las cosas que pretendía resolver como si es por motivos de salud y se sentía incapaz de hacer frente a sus obligaciones. Refleja una valentía que hoy no tiene casi ningún dirigente. Ha sentado un precedente muy importante.
Ha denunciado en alguna ocasión el corporativismo de la universidad.
La universidad es tan corporativa como cualquier otra corporación. Hay un interés privado de los que mandamos en la Universidad, que somos los profesores, y a veces ese interés pasa por delante del interés del alumno. La forma en que hemos aplicado el plan de Bolonia es un ejemplo.
¿Se imagina viviendo en una Cataluña independiente?
(Risas) Ni me lo imagino ni lo quisiera. No creo que llegue a ocurrir, pero el momento es delicado. Es un gran error no pensar que estamos en un momento delicado. El Gobierno del PP no está reaccionando sensatamente.