Valentía como virtud necesaria para activar los valores cívicos. Y "en estos momentos está dando más la talla la sociedad civil que la clase política", dijo la catedrática de Ética de la Universidad Autónoma de Barcelona, Victoria Camps –fichada por el expresidente Felipe González para regenerar la política–, que participó ayer en la primera sesión de las jornadas sobre necesaria reivindicación de las instituciones, organizada por la Fundación Manuel Giménez Abad.
Respeto mutuo, razonabilidad y solidaridad. Fueron los tres valores que Camps consideró más necesarias en estos momentos de zozobra. Todas ellos deben sazonarse con su correspondiente dosis de valentía. "El respeto es un complemento de los derechos civiles. Significa volver a mirar al otro", dijo. La razonabilidad es la capacidad para construir políticas en las que se reconozcan todos los ciudadanos y conlleva rehuir de los extremismos. La solidaridad supone la búsqueda de una sociedad más equitativa con individuos comprometidos.
Camps desgranó los valores que necesita la comunidad para mantenerse como tal: las virtudes cívicas. "Sin ellas la democracia no puede funcionar. Lo contrario es el partidismo, el individualismo, el corporativismo", aseveró. Frente a ello, es necesario renovar, pero desde cada uno de los individuos. "Ya no se piensa en el bien común, sino en los intereses particulares o en las próximas elecciones. Y esto impide el desarrollo adecuado de las instituciones, que están sometidas a fines bastardos. Impera el ruido, la corrupción o la oposición sistemática a las propuestas. Así es imposible mejorar la democracia", explicó la catedrática.
Camps abogó por un cambio en los valores para que primen las virtudes cívicas. De otra forma, por mucho que se modifiquen las leyes, todo seguirá igual. "Si no hay voluntad de actuar mejor, nada mejorará", dijo. En su opinión, las personas son las responsables del mal funcionamiento de las instituciones. "Mientas mantengamos este modelo consumista, en el que todo se puede comprar y vender. El tipo de individuo que se produce es por ósmosis, por contagio y se fundamenta en el consumo, en el individualismo. Así es muy difícil que las cosas cambien", explicó.
La educación es una base para la transformación, pero lo que realmente inspira la mejora son los "principios éticos", una actitud moral, que traspasa las leyes, las empapa más bien. "No podemos confiar solo en el derechos para cambiar la sociedad". Hacen falta esos valores, el respeto, la racionalidad, la solidaridad y también la valentía para que ahondar en la calidad de la democracia.