La dimensión humanista de la Medicina, se puede decir que es el principio rector de la actuación médica. Esto significa buscar siempre el bien de la persona (paciente). Se realiza con el principio de beneficencia tal y como está catalogada en el Juramento hipocrático siglo 4 AC. El médico tenía códigos deontológicos que le definían los deberes y obligaciones.
El paciente no tenía opción ni siquiera de opinar sobre la moralidad (bueno-malo) para aceptar o rechazar, incluso cuestionar la actuación médica, y éste gozaba de un prestigio tal que con el título de Médico de cabecera o médico de familia. El paciente ponía toda su fe y esperanza en lo que el médico dijera.
La medicina y la actuación médica no son ajenas al contexto social, político y cultural del fin de la modernidad, donde el poder, las luchas fratricidas y sobre todo la Segunda Guerra Mundial despiertan una conciencia universal que repara en el propósito de establecer reglas y principios de relación humana, solución de conflictos y sobre todo de actuación médica en la práctica clínica y la investigación. Conmovida la humanidad por el desvío y descomposición social, pretende establecer códigos de actuación, inicialmente declarativos y que actualmente impregnan las leyes internas de los países (Estados) para llevar al centro del interés general la dignidad y valor del hombre.
Con la postmodernidad (40, 50) se piensa en un Código Internacional que suspenda las guerras fratricidas y tribunales internacionales para la solución de conflictos en derechos fundamentales. A partir de l945 con la creación de la ONU y después con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se consolida la idea de que el Hombre, como fin en sí mismo (Kant) o alimentado por los principios judeo-cristianos, el estado debe inclinarse frente a los derechos de la persona, se inicia una nueva relación frente al Estado.
Los principios universales de actuación médica se concentran en la beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía, dichos principios interdependientes y con un balance en cuanto a su observación e interés.
La bioética en la Postmodernidad modifica este nivel de intereses y comprende y fortalece el principio de Autonomía, por medio por el cual debe decidir en lo que corresponde a su persona y el médico pasa de benefactor a promotor de salud.
En este ámbito de autonomía poco a poco no sólo se modifica la relación médico paciente (ambos con dignidad y derechos). La progresividad de esta autonomía hace que el médico atienda los intereses y las necesidades del paciente fundamentados en el deseo (porque y lo quiero). El médico se convierte en un profesional asalariado, que por la remuneración económica que recibe, (ya sea en privado o Institucional), debe informar primero y después respetar la decisión mediante una actitud respetuosa u objetivamente firmando un documento que manifieste su voluntad para aceptar ser sujeto de investigación o para recibir una atención quirúrgica.
Ahora el médico debe estar al servicio del paciente y en ocasiones a su disposición para ejecutar lo que el paciente pida, incluyendo acciones terapéuticas en casos que estén fuera de sus códigos de ética. Tal es el caso con los temas de la vida, como el aborto, eutanasia, ensañamiento terapéutico, etcétera, un ejemplo ilustrativo es, la cirugía plástica y reconstructiva que no sólo alimentan la estética, sino fantasías personales con tatuajes, implantes y modificaciones estructurales que marcarán su cuerpo para toda la vida.
Surge así la medicina del Deseo. El médico ciertamente tiene a su derecho la Objeción de Conciencia, esto es la negativa a realizar un acto contrario a sus principios. Este tema de la Medicina del Deseo deberá ser un campo en que la Bioética debe fijar posturas. Esta problemática debe ser atendida, antes que sea demasiado tarde. Debe existir un puente de tránsito seguro para que lo científicamente posible no atente contra lo éticamente admisible.
Fuente: NTR