Los padres de Andrea han pedido el respeto a su intimidad en los últimos días de su hija. Tras fallecer a media mañana de ayer, el despacho de abogados que los asesora emitió un comunicado de los progenitores:
«Lamentamos comunicaros que nuestra hija Andrea Lago Ordóñez ha fallecido en la mañana de hoy. Se ha ido en paz y con tranquilidad, sin sufrir, como todos deseábamos y como ella misma hubiese querido. Para nosotros Andrea, tal y como la conocíamos, comenzó a írsenos cuando ingresamos de urgencia el 9 de junio, fecha de la que ahora se cumplen cuatro meses, pero su recuerdo vivirá para siempre en nuestros corazones.
Queremos agradecer el apoyo de quienes en estos días tan difíciles habéis estado a nuestro lado. Sin vuestra ayuda este final hubiera sido, sin duda, aún más duro. Medios de comunicación, Juzgado de familia, Instituto de Medicina Legal de Galicia, Fiscalía, personal del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, asociaciones… A todos vosotros, en estos momentos de inmenso dolor, nuestra más sincera gratitud.
Para concluir, queremos trasladaros una última petición. Deseamos despedirnos de Andrea en familia, razón por la que agradecemos de antemano el respeto a nuestro duelo y que permitáis que este último adiós podamos realizarlo en la más estricta intimidad en compañía de nuestros allegados y seres queridos».
El escrito, sentido y agradecido, llegó a los medios pasadas las dos de la tarde. Lo remitió su abogado, Sergio Campos, que les ha acompañado durante estos últimos días.
Vivir sin su princesa
Pero en Noia Andrea deja a toda una familia. Se fue como expresaron sus padres y todos querían, en paz y tranquila, pero ahora les toca a los suyos aprender a vivir sin su princesa, algo que sus abuelos paternos asumen que no será nada fácil. «Andreíña é especial». Ayer, las constantes llamadas de teléfono dándoles el pésame e interesándose por si habría velatorio y los preparativos del entierro los mantenían ocupados. Estaban serenos y digiriendo la noticia -todavía les costaba hablar de su nieta en pasado-, pero el cabeza de familia lo tenía claro:«Acabaremos rompendo».
Lo raro es que no lo hubieran hecho ya después de la tensión que han vivido en las últimas semanas. Siguieron de cerca cuanto se emitía o publicaba sobre el caso de la pequeña, atendieron a periodistas y tuvieron que tragar bilis al leer algunas opiniones de personas que hablaban de la situación de Andrea sin conocer, ni por asomo, cuál era: «O que sufría esa meniña sábeo a súa nai mellor que ninguén, e os que estabamos con ela todos os días. Con só unha mirada sabías se estaba ben ou se lle pasaba algo».
El 9 de junio, el día que la pequeña ingresó por última vez en el Clínico, lo tienen grabado a fuego, y también la sonrisa de una niña alegre y feliz que reclamaba la atención de sus abuelos si consideraba que no le hacían el caso suficiente. Hasta esa fecha, la pequeña había hecho gala de su fortaleza superando distintas afecciones que dañaron su salud, incluso tuvo que estar varios meses sin poder salir de casa, pero siguió adelante, hasta este verano.
La sonrisa de Andrea
«Esta é Andrea», dice su abuelo mostrando una foto de la niña con una enorme sonrisa que le cruza toda la cara. Una imagen que poco tiene que ver con la de la pequeña en las últimas semanas de su vida: «A pobriña xa non podía máis».
Y se fue. El desenlace lo esperaba su familia más cercana desde la tarde anterior: «Esta noite non durmimos nada, xa sabíamos que era cousa de pouco tempo». Dicen que los últimos días han sido «unha agonía», y ahora tendrán que ir haciéndose a la idea de que Andrea no volverá a casa: «Era a nosa vida».
A sobrellevar el duelo les ayudarán sus demás nietos y el recuerdo de una niña que dejaba huella a su paso. Estuvo en distintos colegios y centros especializados, y sus profesores y cuidadores en cada etapa la recuerdan, algunos incluso la visitaron en los meses que estuvo ingresada en el hospital: «Todos os que a coñecían estaban tolos con ela. Todos a querían. Era unha nena que esixía cariño e atención, pero tamén o daba».
Con ese recuerdo tendrán que aprender a vivir a partir de ahora, y con la convicción de que Andrea se marchó de la mejor manera posible.
Fuente: La Voz de Galicia