Más cinismo que ética, por Alfredo Conde

SUPONGO que a no pocos de ustedes les habrá llegado, a través de sus correos electrónicos, un resumen del escrito en el que, lo hace el catedrático de Economía Roberto Centeno, se solicita el procesamiento y la cárcel para el presidente de Iberdrola y sus trece consejeros, no pocos de ellos ex políticos, políticos tanto de la izquierda como de la derecha parlamentarias, por auto asignarse sueldos treinta veces mayores que el de sus homólogos japoneses y cinco veces más altos que los de sus equivalentes alemanes. Estache bo o conto da navalla, Ghosesiño, aghachate que son pardillos!

Según el profesor Centeno, para poder proceder así, tales señores tomaron parte y formaron arte en la subida de un 323% en la tarifa de la luz padecido por la ciudadanía durante los últimos años, con lo cual, afirma, han ayudado a precipitar en la ruina a no pocas empresas de mayor o menor tamaño y empujado a la pobreza a cientos de miles de familias españolas.

Señala, además, el citado profesor que el beneficio por las empresas obtenido en el mismo periodo ha sido de 42.000 millones y que las retribuciones de sus directivos son las más altas del mundo occidental mientras que los accionistas han perdido hasta las camisas. Vólvete aghachar, Ghosesiño, que velai ven de novo a navalliña.

Podría seguir copiando a fin de reproducir aquí lo que leí en ese informe, pero me pregunto si no me guiará alguna intención malsana. Felipe González está en Gas Natural, Pedro Solbes en Enel, Elena Salgado en una filial de Endesa de la que Aznar es asesor, por no dar nombres que no sean de gente apolítica. Mientras, indica el informe, que lo que paga un señor austriaco por el consumo eléctrico de su casa de Valencia, pero con industrias en Alemania, Hungría y Polonia, es el doble de lo que en Viena, por kilowatio consumido y la más cara de Europa.

Urge cambiar las normas de juego, las leyes, que han permitido, incluso se diría que inducido, a los partidos políticos a convertirse en una casta con más ramificaciones que cabezas tiene una hidra e invaden la judicatura, la banca, la industria… así seguido, de forma que toda acción de gobierno pareciera estar más encaminada al mantenimiento de tal status en vez de hacia la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Aterroriza pensar en estos extremos así expuestos con tamaña crudeza. Aterroriza recordar las contradicciones en las que tan a menudo incurren nuestros políticos con un desparpajo que tiene más que ver con el cinismo que con cualquier otra modalidad ética. Estamos acostumbrándonos, y al hacerlo estamos aceptándolo, a que las mentiras sean artes propias de quienes nos gobiernan y, esa tácita aceptación, acabará llevándonos al desconsuelo. Así que será mejor que reaccionemos. ¿Cómo? Vayan pensándolo ya ustedes.

Fuente: El Correo Gallego

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