Todo aquel que sienta curiosidad por los fenómenos políticos – las grandes decisiones – en el aspecto humanístico, buscará del conocimiento que suministra las estructuras y funcionamiento de la convivencia pacífica. La política es necesaria y permanece siendo más válida en momentos de crisis, como un noble juego deintereses comunes. Es clara también la necesidad de la educación, el civismo y responsabilidad política de la sociedad civil.
En España tanto la democracia liberal, como la socialdemocracia, han llevado el bipartidismo existente a un callejón sin salida, han actuado fuera de la ética consensualista o dialógica que demandaba la situación y las grandes decisiones. La interpretación literal o acrítica de los programas políticos aleja a los partidos de los consensos. En Europa ambas concepciones ideológicas no se diferencian en sus perfiles programáticos, salvo meras diferencias de sensibilidades más bien electoralistas, en sus discursos de cara a la galería. Causa directa del desengaño ha coincidido con el nacimiento de nuevas actitudes emergentes, necesarias en todas las fuerzas políticas, que resultan alentadoras ante la sensación de desaliento general. La dialéctica del tiempo hace frágil el pasado – anacronismo o conciencia de la diferencia de los tiempos -, hoy suscitan gran interés movimientos políticos – pese a las campañas de desprestigio a los que son sometidos – cuyo estilo vital encaja con la tradición anglosajona. Conocedores de las estructuras políticas, especialistas en las teorías del Estado, preconizan nuevos replanteamientos políticos. Nacidos de la universidad, han ido extendiéndose a otros sectores sociales, encontrando gran sintonía en la juventud y en las clases desfavorecidas por la crisis económica.
La política, como resultado de los condicionamientos sociales, impacta en la mentalidad del ciudadano-medio. El acto político, su sustantividad y las relaciones con la ciudadanía deben implicar un alto factor de estabilidad; no es necesario poner en juego drásticamente la forma de estado, de gobierno o el régimen político, sino profundo acuerdos bajo justo equilibrio entre las fuerzas políticas plurales y los valores democráticos que las caracterizan como organizadores de la vida social. Un dialogo celebrado en condiciones de simetría cuya intersubjetividad para un posible acuerdo pueda ser entendido y aceptado por una gran mayoría de la sociedad.
La nueva concepción que domina la discusión política, que tiene como testimonio una forma de acercarse a la realidad, aventura un mapa político incierto. Sus coordenadas presentan un doble eje, dado la variedad de perfiles ideológicos. Sobre la línea horizontal: unos principios de coherencia frente a las situaciones traumáticas existentes en el marco de la Europa de los mercados. En la dimensión vertical: se presume un primer periodo de disgregación política, con gran protagonismo de las autonomías y los grupos de intereses. Existe, sin embargo, un significado adicional como criterio deseable – hermenéutica de los sentidos -, gira sobre una ética de mínimos, cuyo consenso cruzado de todos los agentes en juego, corrija la gran lacra de las enormes desigualdades sociales.
Fuente: Andalucía Información