El filósofo Javier Sádaba señaló ayer en el Club FARO que la ética "debe nutrirse de la vida cotidiana y ser cómplice de nuestros deseos". Frente a una ética basada exclusivamente en los "deberes negativos" -prohibiciones-, defendió lo positivo como lo sustantivo de la ética y de la moral. Dijo también que "hay que erotizar, dar la palabra a nuestro cuerpo", a través de la sensibilidad, la imaginación, la sexualidad y el humor.
Sádaba, catedrático de Ética y Filosofía de la Religión de la Universidad Autónoma de Madrid, habló de "moral, erotismo y deseo", cuestiones que aborda en su último libro, "Ética erótica. Una manera diferente de sentir". Su presentadora, la periodista Edurne Baines, lo definió como un "filósofo imprescindible" por su "incorrección política y sentido del humor, pese a su apariencia seria"; y porque "se moja".
El pensador vasco afincado en Madrid, que hace un año habló en este mismo foro de "vida buena y felicidad", se centró en la ética erótica sin dejar de tocar otras cuestiones, como la eutanasia, el aborto y la política. Sobre esto último afirmó que hay una política que nos ha robado los deseos y el cuerpo y que hace falta una manera distinta de sentir. "Hay que rebelarse contra aquello que quiere troquelarnos a su manera -apuntó- y denunciar lo híbrido, aquello que se mezcla y sale mal, como la transición, de la que han salido ahora grandes defectos, y los partidos políticos".
Sádaba, que dedica buena parte de la introducción de "Ética erótica" a cuestiones políticas y de la actualidad, animó a dejarnos de "cuentos, tópicos y autoengaño", como el de "esos republicanos que se declaran juancarlistas, y los que dicen defender la educación pública pero mandan a sus hijos a colegios privados".
Abogó por "la pasión y la tensión por lo alternativo, por lo inédito", que nos permiten "ensancharnos". "Si nos limita alguien, que dé argumentos y razones".
Recordó el filósofo que "una condición sine qua non para la ética es que seamos libres", algo que, dijo, "están poniendo en solfa las neurociencias". Mencionó algunas teorías y experimentos científicos del campo de la neurología que pondrían en cuestión el libre albedrío. "Personalmente, creo que somos mínima y suficientemente libres", dijo, apoyándose en el que llamó su "gurú", Wittgenstein. "Si no fuera así, se vendría abajo todo lo que hacemos". Citó un debate entre el filósofo Noam Chomsky y el psicólogo B.F. Skinner: el segundo sostenía que el hombre no es libre, y Chomsky le replicó: "Cuando dice usted que no somos libres, ¿lo dice libremente? Si no es así, cállese, porque entonces no es más que un papagallo que repite cosas". Skinner no supo qué responderle.
En la segunda parte de su conferencia, Javier Sádaba habló de los puntos para una necesaria erotización: sensibilidad, imaginación, sexualidad y humor. En cuanto a la sensibilidad, defendió "pensar con el olfato" -como hacía Nietzsche-, el único sentido que no pasa por el tálamo; y potenciar el oído, ya que la música, como decía Beethoven, "es la mayor de las sabidurías". "Si Dios existe, es música", añadió, citando una frase de su padre. Sobre la estética, dijo que "somos una sociedad muy maleducada; como decía Óscar Wilde, hacen falta modales antes que moral".
En cuanto a la imaginación, dijo que está por encima de la inteligencia, como sostenía Einstein, y que "sirve para ponernos en el lugar de los demás".
Sádaba subrayó que la sexualidad, que "sí tiene que ver con la ética", "ha sido maltratada en la historia teológica y filosófica, desde Aristóteles, que consideraba la sexualidad una mancha, un pecado, y eso ha llegado hasta nuestros días. Yo no digo que seamos como los bonobos, que lo resuelven todo teniendo sexo, pero la sexualidad es fundamental para vivir".
Dijo también que "sin humor no podríamos vivir" y contó una anécdota sobre el lenguaje paradójico. "Una vez le dije a una vecina, una persona ilustrada, que su nombre, Montse, venía del chino: Mon-tse. Me respondió, muy seria, que estaba equivocado, que era catalán. Después de algo así, ¿qué puedes decir?".