Séneca: la recuperación moral y ética, por Joan Huguet Rotger

No cabe duda que en el actual "mundo occidental" hace falta recuperar el idealismo político y religioso, de origen humanista, para afrontar la brutal destrucción de principios que la praxis política, de lo políticamente correcto, ha infringido a valores como la excelencia, el esfuerzo, la capacidad y el merito. Esta práctica de destrucción, y no otra, es lo que justifica el tremendo vacío que anida en muchos cerebros de nuestros actuales dirigentes.
 
Hoy, el llamado mundo occidental, centra toda su razón de ser en la economía, en la acumulación de riqueza, en los mercados financieros, en las finanzas públicas? sin importarle la miseria que asola a la otra parte del mundo. Da la sensación de que el mundo está hecho para los privilegiados y que nada importa el vecino de al lado, sea este un ciudadano, una comunidad, un país, o medio mundo. Es por ello que recomiendo releer los tratados morales de Séneca, para darnos cuenta de cuán importante es educar a nuestros jóvenes en el campo de los valores y no sólo de la acumulación de conocimientos
 
Hoy, en las escuelas, nadie habla a nuestros jóvenes de valores como la honradez, la responsabilidad, la sencillez, el dominio de si mismo o simplemente el esfuerzo. Si uno intenta hacerlo es mirado como un bicho raro, como si de un apóstol de las catacumbas se tratara. Y es que mucha parte de la juventud, por culpa de intereses inconfesables de las estructuras de poder, esta más preocupada por lo inmediato; por el tener para consumir, sin importarles el ser. La formación, para mucha parte de nuestra juventud, pasa a un segundo plano, de ahí la elevada tasa de abandono escolar, tal como refleja el último informe "PISA".
 
Demasiada juventud, no toda, practica el vivir "light" y no el "vir fortis", que nos plantea Seneca, para conducir a nuestros jóvenes a abrazar el compromiso de una formación permanente de calidad, responsabilidad y solidaridad. Son estos valores necesarios para formar conciencias que hundan sus raíces en la fidelidad con uno mismo, en el análisis razonado y crítico del sistema que nos gobierna, y en el fomento de vocación de servicio permanente, para hacer una sociedad más libre, más justa, más democrática y más solidaria.
 
Estoy convencido de que si hoy Séneca habitara entre nosotros volvería a iniciarse en el estudio de la retórica y la filosofía, para enseñarnos, como diría él, "a buscar nuevas ideas, a encontrarlas, a organizarlas lógicamente y a expresarlas con claridad y elegancia", sin necesidad de ofender a nadie, porque este es el camino idóneo, según nos dice, "para preparar jóvenes capaces de hacer frente a las situaciones y trabajos mas diversos".
 
No se trata de que todos tengan que ser eruditos. De lo que se trata es que cada uno encuentre su propio camino y, una vez hallado, intente ser el mejor en su trabajo. Nadie es más que nadie, cuando se desarrolla el oficio de vivir con lealtad a uno mismo y solidaridad con los demás.

Como nos advierte William Osler "cuanta mayor es la ignorancia mayor es el dogmatismo". Pero ojo, ignorante no es aquel que no posea estudios o carrera universitaria. Ignorante es aquel que aun teniendo estudios y carrera universitaria, cree que el otro no tiene capacidad para pensar, razonar, decidir o discrepar. Ignorante es aquel que impone sus ideas por la razón de la fuerza que le da el poder, no por la fuerza de la razón, que le debería dar la autoridad. Ignorante es aquel que se refugia en una actitud adanista, ante cualquier contratiempo y discrepancia, sin aceptar error alguno. Esto es lo que les ocurre con demasiada frecuencia a muchos de los actuales dirigentes políticos. Es por ello que la primera responsabilidad, para cambiar la situación de vacío moral y ético con el que se enfrenta nuestra sociedad, es que la actual "partidocracia" de paso, nuevamente, "a la Democracia"; y hacerlo está en nuestras manos; pero de forma especial, en la de los partidos políticos y en la de sus dirigentes.
 
No es posible que transmitamos a la sociedad aquella certeza de Alfonso X el Sabio, que al referirse a su corte espeta: "los cántaros cuento más vacíos, más ruido hacen", y es que hoy el debate político se ha convertido en puro griterío, en puro ruido. Lo grave es que, ha medida que avanza la legislatura, tanto en Balears como en España, el ruido va aumentando, dando por valida la expresión latina que dice "asinus, asinum, fricat", que traducido viene a ser: "el asno frota al asno". Mientras siga ocurriendo así, la desafección de los ciudadanos hacia los políticos y la política irá creciendo día a día, hasta que se provoque una auténtico estallido social de consecuencias impredecibles.
 
Hoy más que nunca se necesita una leal y sincera segunda transición, donde políticos y agentes sociales sean capaces de superar el vuelo gallináceo, en el que se han instalado, y retomen las claves del dialogo, el acuerdo y el consenso. Se trata de cambiar la estrategia de destruir al adversario, por la de acordar con el adversario políticas comunes que beneficien a la sociedad. Se trata de dejar aparcados protagonismos individuales, que hunden sus raíces en letales complejos de inferioridad, para pasar a compromisos colectivos. Se trata de liquidar de los partidos políticos el manual de obediencia ciega, anulando la razón; de la delación, como mérito; del miedo, como nueva forma de esclavitud; y el rencor, como amenaza de venganza, para sustituirlo por el de la unión, el esfuerzo colectivo y la razón. Se trata de sustituir a los Torquemada de turno, por algún que otro Plutarco.
 
Se trata, como nos diría Séneca, de recuperar la moral y la ética en el ejercicio de la política.
 

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