Sostener la democracia es una obligación ética, por Griselda Gómez

Cómo no celebrarla, con todo lo que nos ha costado. Recuerdo haber votado por primera vez en la década del ochenta y recuerdo los millones de gritos y brazos alzados recibiéndola.
Atrás quedaban terribles pesadillas como la dictadura cívico-militar y la Guerra de Malvinas y hacia el futuro las deudas pendientes en todos los sentidos. Fue el comienzo del “Nunca Más”.
Hace poco más de tres décadas el Presidente elegido por el voto popular sostenía que con “la democracia se come, se cura y se educa”.
Empezamos a curarnos de las heridas poco a poco. Al principio nuestra democracia fue frágilmente vulnerable, tuvo que soportar muchos golpes blandos, golpes bajos, tuvo que soportar confusos alzamientos, traiciones, choques.
Según fueron pasando los años rastreamos en nuestras memorias y empezamos a sostener lo que ya no queríamos como sociedad.
Durante tres décadas nos fuimos reconociendo en la libertad de votar ininterrumpidamente. No fue fácil mantenerla, fue un camino de aprendizajes, caerse y levantarse, creer y descreer. Nos hemos identificado con muchos de nuestros políticos y también nos hemos desconocido con otros tantos. Vimos y vemos pasar modelos exclusivos y modelos inclusivos. Siempre habrá fallas y siempre habrá posibilidad de repararlas, porque a la democracia la cuidamos los humanos que no nos creemos héroes, ni dioses.
Tres generaciones nacieron y crecen en democracia, entre ellas y nosotros la certeza de cuidarla. Reconocemos su valor porque ella nunca será opositora al pueblo, porque en ella se respetan nuestras garantías individuales.
No importa qué tan calientes sean los debates, hemos aprendido a debatir, a ganarle a los tiempos de silencios y oscuridades.
Cumple treinta y uno y sigue siendo joven, se ha fortalecido por el empeño de todos, más allá de las diferencias ideológicas.
Tenemos la obligación ética de sostenerla en el tiempo, incluso en el que resulte más adverso. Tenemos la posibilidad de construirla cada día como Estado que somos, con todos nuestros derechos. Ella no pertenece a ningún partido, ella nos pertenece a todos.  
Tenemos sobrados motivos para celebrarla.
 

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