Un demócrata convincente. Luis Pousa

HAN pasado dieciséis años desde que en España se publicó por primera vez el ensayo de Norberto Bobbio Elogio della mitezza altri scritii morali (Elogio de la templanza y otros escritos morales, Temas de hoy, 1997). Una obra en la que el gran pensador italiano aborda el concepto de tolerancia y la relación conflictiva que se da entre la ética y la política, patente siempre en el discurso maquiavélico: "El fin justifica los medios", principio sobre el que se erige exultante la razón de Estado.

Recién salido de la librería, ya lo estaba hojeando: tentación tan irresistible como la de robarle un trozo a una barra de pan fresco.

Días antes había tenido lugar un acalorado debate en El Negreira, alias O Patata, no menos interesante de los que pueden darse en sede parlamentaria (Luis Cordeiro, que fue vicepresidente de la Cámara Legislativa gallega, dejó un escrito memorable En defensa de la taberna, del que existe una copia enmarcada en el citado ateneo), sobre la cuestión de la divergencia que se produce a diario entre la exigencia moral y la exigencia política.

Aunque no se lo crean, participaban en aquel debate una heterodoxa y plural representación de ciudadanos varios: profesores de universidad, políticos, sindicalistas, periodistas y demás.

El tema eran los Gal y la lucha contra ETA. Como no podía ser menos, la contraposición entre la ética de los principios y la ética de la responsabilidad ocupó buena parte del tiempo. El asunto venía, además, precedido por un artículo de Haro Tecglen que ponía el dedo en la llaga.

De los contertulios allí reunidos, quien estuvo realmente brillante en su exposición fue Geluco (Anxo Guerreiro). Su capacidad para la dialéctica quedó patente entre todos los presentes, pese a que alguno de ellos estaba en las antípodas de las posiciones políticas que mantenía el exsecretario general del PCG y uno de los padres del actual Estatuto de Autonomía de Galicia.

Pero lo que allí dijo quedaba reflejado en síntesis en un párrafo de la citada obra de Bobbio:

"De la constatación de que moral y política están de hecho separadas no se debe deducir que no existan varios grados de diversificación, y que no sea deseable una situación en la que, incluso no siendo posible una perfecta resolución de la política en la moral, la divergencia se atenúe". De lo cual extraía la siguiente consideración: "La democracia es aquel sistema político que permite el mayor acercamiento entre las exigencias de la moral y las de la política".

Ese es precisamente uno de los rasgos distintivos del legado político de Geluco: un auténtico luchador en favor de las libertades democráticas en todo lugar y momento. Porque, al contrario de lo que algunos sostienen, ni todas las democracias son iguales ni todos los políticos son iguales, y precisamente la relación entre la moral y la política sirve para distinguir la mejor o peor calidad de una democracia y de sus representantes políticos.

Así es compañero.

Fuente: http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/un-democrata-convincente/idEdicion-2013-07-20/idNoticia-817988/

 

 

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