Ética de la alteridad, por Antonio Miguel Carmona

Asisto con cierta profusión a debates parlamentarios que me hacen reflexionar desde el escaño cuestiones que van más allá del día a día político. Uno de los discursos que más enfada a los conservadores, cuando es defendido por mis compañeros, es el tema de la superioridad moral de la izquierda.

Sin tratar de herir la sensibilidad de nadie se trata de una cuestión que, con todo el respeto intelectual del mundo, me ha hecho reflexionar y debatirlo con sinceridad con unos y… con otros. Si la derecha española confiesa que es liberal (sólo confiesa porque no lo es), es en esencia defensora de la ética individual, la más extendida quizás, como diría Aranguren, sólo suplida por una ética especial que es la que reside en instituciones supraindividuales como la Iglesia o la familia.

Esa ética individual, germen del individualismo, donde el egoísmo de cada uno ayuda al progreso colectivo y, sustenta el liberalismo del XVIII que recuperan los conservadores españoles porque carecen, bien está decirlo, de otro acervo.
 
Esa ética individual que prendió alarmantemente en el puritanismo y que posiblemente fuera uno de los principales motores del capitalismo tal como lo entendemos.
 
En esa ética individual no existe la injusticia social. No se producen situaciones desiguales por razones colectivas, sino por motivos individuales tales como la pereza o la desgana.
Por eso los conservadores descubren desde la ética individual los mecanismos de privatización y disminución de lo colectivo con el fin de poner en marcha su esquema de presunto progresos social a partir del individualismo motor.
 
Para la moral católica, sin embargo, existe injusticia social, situación que suple con la caridad (Aranguren de nuevo). Una cuestión que quita el sueño a los conservadores españoles que tratan de ser tan individualistas como católicos (contradicción en términos).
 
Por el contrario la alteridad es asimilar lo que siente otra persona. Se trata de ponerse en su visión de las cosas. Sentir la pobreza, la incapacidad o la desigualdad. En términos filosóficos sería darse lo infinito a sí mismo.
 
Desde la ética de la alteridad se entiende la superioridad moral de un paradigma sobre otro. Sobre todo si la izquierda trata de suplir la ética individual, ya no sólo con la ética de la alteridad, sino con un estado superior que es la ética social.
 
Cuidado porque la ética de la alteridad puede llevarnos a una situación roussoniana en la que me relaciono con la otra persona porque acuerdo con el otro un contrato de mero interés.
 
La alteridad no es exclusiva de la izquierda, pero es uno de los puntos en los que la socialdemocracia vence paradigmáticamente a los conservadores. Al menos cuando estos se ponen la gorra de la ética individual.
 

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